¿Qué es motivación?

Motivación es tener un motivo, una razón, para ponerme en acción. Su ausencia caracteriza la apatía, un sentimiento caracterizado por la falta de de ilusión y vitalidad para hacer algo. Para superarla he de revisar mis motivos. Es el paso previo para poder hacer un cambio hacia mi bienestar.

Cuando la falta de interés e indiferencia son habituales en mi estado de ánimo la vida se experimenta como algo muy difícil y carente de sentido.

La voluntad no basta

. Sólo a base de fuerza de voluntad no podemos vivir de forma sostenida. La motivación no viene de la voluntad. Una cosa es vencer una pereza puntual, para lo cual sí necesitamos de la voluntad, y otra muy distinta es que sólo la voluntad sea mi motor de arranque.

 

Quien no encuentra entusiasmo para hacer y sólo hace por exigencias del exterior o de sí mismo, llega un momento que se drena, se agota. Cuanto antes detectemos si este estado se ha instalado en nuestra forma de vida, más fácil será la  recuperación de una vitalidad natural.

Cuerpo y consciencia

Nuestro estado de ánimo tiene una relación directa con la química de nuestro sistema pero también es cierto que con nuestra mente y emoción facilitamos un tipo de secreción química u otro. Una falta de interés, de aliciente, de motivación, puede estar justificado por un desarreglo bioquímico del cuerpo.

Hemos de revisar a diario nuestro estado de ánimo. A esto se llama tomar conciencia de nosotros mismos. De este modo, al detectar una apatía instalada, podremos poner remedio para cuanto antes recuperar nuestra alegría esencial, fuente de energía vital. La Motivación es motor esencial.

Los 5 sentidos: una valiosa herramienta

Los sentidos físicos son una herramienta para conocer el mundo exterior e interactuar con él.  De igual modo podemos utilizar estos sentidos para hacer un camino de introspección y saber, más allá de las creencias, de lo que mentalmente podemos deducir, lo que nos sucede en realidad, dónde radica nuestra falta de interés y nuestro incentivo para superar la apatía.

Siento luego existo

Ese mundo interno que existe en nosotros y que nos gobierna de manera inconsciente en un alto pocentaje, es inaccesible a la mente.

Nuestra razón no tiene los códigos para determinar lo que realmente nos mueve a sentir de una manera u otra. De ahí el dicho popular: ” el corazón tiene razones que la razón no entiende”, entendiendo por corazón en esta frase como la parte emocional inaccesible y no controlable.

Nuestra mochila: El subconsciente

Nuestro subconsciente es el “lugar” donde todas nuestras emociones quedan registradas, a veces sanadas y con un aprendizaje integrado, y otras veces con heridas abiertas que generan una energía de desequilibrio que nos producen malestar, entre ellos puede ser la apatía, sin que nuestra parte consciente entienda por qué.

Como nuestra mente necesita razones lógicas y coherentes, muchas veces damos interpretaciones erróneas a las causas de nuestros sentimientos de desmotivación. Hay que recurrir a otras herramientas para destapar la causa verdadera y original de un sentimiento como la apatía, desilusión o tristeza.

Algunos ejercicios sencillos pero poderosos para practicar en la naturaleza

Es por todo lo mencionado que propongo una serie de técnicas a través de la activación de los sentidos para sanar y resolver, poner en orden y en el consciente todo aquello que condiciona a modo de boicot nuestra manera de tomar decisiones y ponernos a la acción.

LA VISTA: veo mi sueño, lo que me motiva.

Si tengo oportunidad de estar en un entorno natural, en una posición cómoda, sentado o tumbado, voy a centrar mi atención en observar algo. Puede ser un árbol, el cielo, las nubes…algo que me sea agradable. Mirando ese “objeto” voy a sentir mi cuerpo relajado pero en actitud consciente, activa. Voy a llevar mi atención a cómo mis ojos se llenan de color, quieren absorver toda la visión, toda la luz y el color que ese objeto desprende.

Si por ejemplo estoy tumbada mirando el cielo voy a “empaparme” de ese azul. Intento que mi mente esté sólo ocupada en ver, en sentirme viendo. La respiración es siempre mi aliada para potenciar esa sensación.

¿Donde está ubicada mi apatía?

En la cuestión que nos ocupa, la falta de motivación, la apatía, voy a preguntarme dónde está ubicada en mi cuerpo. Sin buscar ninguna lógica, se me ocurrirá un sitio. Pongamos por ejemplo que sea el estómago. En ese caso voy a empezar a inundar de esa visión (en nuestro ejemplo sería el azul del cielo) esa zona de mi cuerpo. Lleno mi estómago de “cielo”. Respiro. Imagino ese cielo en mi estómago. Dejo mi respiración fluir al ritmo que me sea cómodo. Sin intervenir. Permito cualquier reacción de mi cuerpo o de mis emociones.

Es que probable que cuando decida termine el ejercicio, se me ocurra algo que no había pensado antes. Un nuevo punto de vista.

EL OIDO: amplifico mi incentivo

Al igual que en la experiencia anterior, en la naturaleza, en este caso cierro los ojos para llevar toda mi atención a la escucha.

Llevo primero mi atención a la respiración para tomar mayor contacto conmigo, incluso con sonidos de mi cuerpo: desde el zumbar de los oídos, la respiración o un ruido de tripas. O puede que los sonidos que más me atraigan sean del exterior. No discrimino ningún sonido, sino  que intento escuchar todo el caudal sonoro como si de una sinfonía se tratara.

Mentalmente me pregunto: Si lo que siento es desmotivación  ¿Cuál es el sonido de mi motivación? Si es desinterés ¿Cuál es el sonido de mi entusiasmo? Y me voy quedando con un sonido, me centro en ese sonido que he acotado.

…y siempre respirar…

Respiro. Y me inundo de ese sonido. Siento esa vibración por todo mi cuerpo. Me convierto en ese sonido incluso moviéndome al compás del patrón rítmico que esté generando, sea regular o irregular. Me permito sentir cómo esa danza interna de mis células me carga de vitalidad y energía.

EL OLFATO: rastreo mi motivación

Continuamos con estos ejercicios en la naturaleza como enlace para conectar con nosotros mismos a través de los sentidos.

El denominador común es empezar sintiendo mi respiración para acceder a un estado apacible y relajado donde me centro en mí en ese entorno. En el caso del olfato, el centrarnos en la respiración facilita el potenciar este sentido.

Planteo mentalmente que esta experiencia va a desbloquear aquello que impida que mi vitalidad se exprese y mi motivación se amplifique.

Por un lado, noto cómo el aire llena mis pulmones y como se mueve mi diafragma. Por otro lado siento y observo cómo el fondo de las fosas nasales se fusiona con una parte interna, profunda, de mi cabeza.

Comienzo a oler, a diferenciar aromas de mi entorno. Llevo la atención a esa sensación. Determino ese olor.

Y comienzo un juego: voy a seguir el rastro de ese olor.

El final se encuentra en mi nariz, pero…¿de dónde procede? Si por ejemplo huele a pino ¿de qué árbol  procede? Y una vez he llegado a ese árbol ¿a qué rama pertenece? ¿Dónde está el origen de esas partículas portadoras de ese aroma?

Puede que el olor no sea tan concreto. No importa, el juego es el mismo, y dejo volar mi imaginación siguiendo y rastreando ese olor. Cuando ya he llegado al origen de ese aroma hago una pregunta, lo que sea que me despierte curiosidad en ese momento. En silencio aguardo la respuesta, si es que la hubiera. Esa respuesta tiene una valiosa información para mi. La entienda o no… no te preocupes por encontrar un significado inmediatamente. La energía se ha movido y la información puede llegar al consciente en cualquier momento. El juego ha terminado.

 

EL GUSTO: saboreo lo que me motiva

En este caso voy a caminar por la naturaleza. Intento soltar los pensamientos, centrarme en mi cuerpo y sentirme parte del entorno. Me voy a exponer a algo  que los niños hacen constantemente: llevarnos cosas a la boca para conocer su sabor y textura.

Me dejo llevar, no fuerzo nada. Observo aquello que me produce rechazo y lo que me produce curiosidad o atracción.

Nuestro presente está lleno de situaciones de este tipo, cosas que nos gusta hacer y cosas que no.

No juzgo, sólo me observo. Siento las sensaciones que me llevan a atreverme a probar algo…una hoja, una piedra…¿Qué sabor tiene? ¿Agradable, desagradable? ¿Qué despierta en mi?

Al observarme me descubro

EL TACTO: acaricio mi presente y me motivo

Somos lo que somos como resultado de muchas acciones, de muchas decisiones tomadas, de muchas ilusiones puestas en acción.

El hecho de que en un momento de nuestra vida nuestro grado de motivación no esté  en su punto álgido sólo indica que hemos de revisar cuestiones y hacer cambios.

Para desbloquearnos, los sentidos son maravillosos porque nos conectan a nuestra naturaleza esencial.

A través del tacto hemos recibido desde nuestro nacimiento nutrición emocional`. Recurrimos a este sentido para nutrirnos, coger fuerza, confianza y seguir.

Me nutro en la caricia

Para nuestra experiencia con el tacto, puedo elegir cualquier objeto de la naturaleza que me apetezca sentir.

Puede ser una hoja, un palo, una piedra, un árbol, una pluma…algo que haya llamado mi atención.

Conecto con ese objeto con la intención de que me va a nutrir en la necesidad que tengo.

Cierro los ojos y relajándome a través de la respiración, en una postura cómoda, llevo la atención a mis manos tocando ese objeto. Es en las manos donde tenemos el mayor número de terminaciones nerviosas para este fin, pero puedo acercarme el objeto a cualquier parte del cuerpo con la que me apetezca sentir esta textura.

Esta experiencia consiste en recrearme en la amplificación de la sensación a través del tacto, y abrirme a recibir

ÁBRETE A SENTIRTE

Si te animas a hacer estos ejercicios, a sentir estas experiencias , te sorprenderás del resultado.

De una manera totalmente respetuosa y afín a ti se irá colocando tu energía.

Puedes insistir en uno de los sentidos o hacerlos en distintas ocasiones. Te proporcionará un estado de mejora y bienestar que contribuirá a abrirte y recuperar tu alegría. La  ilusión es un estado natural de nuestro ser y el paso previo a enfocar nuestro motivo para hacer.

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