Emociones y crecimiento personal

 Al nacer todos tenemos una semilla de potencial  esencial llamado a desplegarse a lo largo de nuestra vida. En primera instancia el recién nacido comienza ese desarrollo y crecimiento a través de los sentidos, medio por el cual comienza su conocimiento del entorno y su descubrimiento de sí mismo. El bebé se descubre progresivamente: su cuerpo, sus sonidos así como los del entorno, el sabor y textura de las cosas, el olor de su fuente de alimento, la multiplicidad de formas y colores…

El concepto crecimiento y desarrollo personal, tan en auge en nuestros días, comienza con la vida. No obstante, lo que comúnmente se entiende por esto es la toma de consciencia progresiva y paulatina que se va adquiriendo a través de las distintas vivencias, generadoras de emociones y deducciones mentales. Es a través de estas vivencias que nos vamos haciendo un mapa de la realidad que vivimos y vamos configurando los distintos aspectos de nuestra personalidad. Situaciones familiares, personales y sociales van  generando distintos patrones de comportamiento que determinarán nuestra forma de interpretar y reaccionar en la vida.

Un camino de vida hacia la autoestima

A medida que vamos desarrollando nuestras capacidades vamos descubriendo aspectos de nosotros. En un momento dado, cuando las mismas situaciones de vida se nos repiten, especialmente si son desagradables, o cuando no conseguimos sentir que la vida nos sonríe, es cuando, de una manera más consciente, buscamos respuestas y soluciones que nos proporcionen un bienestar personal.

Es en estos momentos cuando solemos hacer análisis, recuento y balance de cómo nos van las cosas. Normalmente en este periodo solemos recurrir a dos salidas: o echamos la culpa a otras personas y situaciones o nos echamos la culpa a nosotros mismos por no ser capaces de vivir de acuerdo con nuestras expectativas.

 

El sentimiento de culpa, un freno al desarrollo natural

La culpa es el sentimiento más paralizante que sufrimos. Es un sentimiento que nos ancla puesto que se relaciona con  el tiempo, es decir, algo que he hecho o me han hecho y que no se puede cambiar. La culpa siempre demanda  castigo. ¿ Nos imaginamos a un niño que empieza a caminar y que a su primera caída se le castiga en vez de incentivarle a seguir intentándolo? Así es cómo nos tratamos cada vez que nos quedamos paralizados en el drama de no poder cambiar unos hechos que han ocurrido y de los cuales no nos sentimos orgullosos. El castigo, frenar mi crecimiento, siempre encarna un gran dolor ya que es algo totalmente ajeno a nuestra naturaleza, que pide seguir creciendo, seguir desarrollando nuestro potencial.

El sentimiento de culpa siempre socava la autoestima. Está muy relacionada con creencias, ideas y pensamientos que hemos adquirido y que muchas veces no resuenan con una realidad interna de nuestro ser más profundo. Las expectativas personales y/o sociales de un modo de comportamiento han de ser íntimamente revisadas para saber dónde nos anclamos al freno de nuestro propio crecimiento y aprendizaje.

El error, una forma de aprendizaje

Realmente es importante comprender que todas nuestras experiencias de vida nos conducen a un aprendizaje. Es a través de este aprendizaje que podemos elegir de forma diferente para dirigir nuestra vida hacia donde queremos conducirla. Nadie nace sabiendo. Es más, nuestros talentos, nuestros dones, nuestras habilidades, se despliegan a medida que vamos experimentando, integrando unas formas de conducta y desechando otras. Si no nos permitimos esto nos paralizamos y nuestro crecimiento se frena.

De la misma manera, cuando vemos la culpa fuera, ya sea en personas o situaciones, estamos eludiendo nuestra parte de responsabilidad en aquello que nos daña. Toda experiencia de vida trae un tesoro escondido. Estancarnos en la idea de que somos víctimas de alguien o algo es ceder todo nuestro poder y renunciar a la posibilidad de cambio. Es obvio que hay  cosas que no podemos cambiar, pero lo que siempre podemos cambiar es la actitud con la que vivimos una situación. Es ahí donde radica la oportunidad de crecimiento y amplificación de la consciencia.  

El perdón: única salida

El único antídoto a la condena paralizante de la culpa es el perdón. Perdonar es liberar.

Perdonar implica tener la humildad de comprender y aceptar nuestra naturaleza humana donde la perfección no existe y en la cual la dualidad convive de manera intrínseca, como Ley Universal.

Fases para perdonar y perdonarme

Reconocimiento

En primer lugar hemos de reconocer el sentimiento. A veces se esconde detrás de un sentimiento de tristeza, de apatía, de rabia o enfado…Hemos de reconocer la realidad que nos ha provocado el sentimiento y aceptar que no se puede dar marcha atrás al hecho en sí. También es la fase donde podemos definir si se puede hacer una rectificación o no. 

Aceptación

Nos puede ayudar preguntarnos ¿Si pudiera volver atrás lo haría diferente?

Y caso de que no crea que debía haber hecho nada distinto pero siento culpa puedo indagar ¿a qué patrón o creencia obedece mi sentimiento?

Por otro lado, si estoy echando la culpa afuera puedo preguntarme ¿ Yo en su lugar (con sus mismos miedos, situaciones de vida, creencias, experiencias, etc) habría hecho lo mismo? 

Desapego

El desapego del dolor es el paso más interesante ya que muchas veces nos aferramos a este sentimiento por los motivos más diversos: sentimiento de víctima, baja autoestima, comodidad, hábito, incapacidad de soltar, necesidad de una dosis de dolor…La pregunta a formularnos sería ¿ Qué beneficio saco de seguir aferrado/a a este dolor?

Liberación

La liberación es el resultado de haber hecho el proceso anterior. Es el resultado de haber aceptado la situación , de haber reconocido que no supe hacerlo mejor y de haber soltado la necesidad de sentirme atado a un sentimiento limitante de dolor.

Es concederme la posibilidad de cambio y aprendizaje, conectando con mi niño/a herido/a y recuperar la inocencia. De esta se deriva una reconexión conmigo mismo/a, con mi vitalidad y alegría.

Algunas técnicas de perdón

Hay muchas técnicas para facilitar este proceso.Os comparto este ejercicio que es muy eficaz.

  • EJERCICIO ESCRITO: se realiza a lo largo de 7 dias consecutivos (muy importante no saltarse ningún dia).

Se escribe 70 veces cada día la frase correspondiente. Intentar sentir lo que se escribe y respirar, aunque al principio cause incluso algo de rechazo

Los dias 1,3 y 4 se escribe 70 veces: “Yo, (nombre de la persona) te perdono a tí (nombre de la persona)”. Si el perdón es hacia uno mismo se escribe “Yo (mi nombre)me perdono a mí misma”

Los dias 2 y 5 se escribe 70 veces:·” Yo…te perdono a tí …por…” (enumerar cuantas cosas salgan, no importa si se repiten. Importante hacerlo de forma espontánea, sin pensar mucho)

El dia 6 se escribe 70 veces: Yo…te perdono a ti completamente.”

El dia 7 se escribe 70 veces: “Yo…te perdono a ti…y me libero”

Al acabar los 7 días se queman o rompen todos los escritos 

Otras técnicas

  • El Ho’oponopono: es una técnica de la sabiduría ancestral Hawaiana, recogida por el Dr Len.  Se basa en que todo lo que vemos fuera es porque lo tenemos que sanar dentro de nosotros. La liberación por el perdón se produce repitiendo y sintiendo  4 frases que encierran una energía de alta vibración : “Lo siento-Perdóname-Te amo-Gracias”
  • Visualización Violeta: el color violeta se caracteriza por su fuerza de transmutación. Por medio de una respiración consciente, con los ojos cerrados imaginamos que estamos inmersos en una burbuja violeta y que todo nuestro cuerpo, (órganos, tejidos, células,…)se tiñen de este color.

 

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